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Tratamiento de la herida
El objetivo primordial del tratamiento agudo de las heridas es el cierre de la quemadura con la propia
epidermis del paciente. En ocasiones, este objetivo se consigue espontáneamente y a veces requiere una
intervención para escindir el tejido quemado y cubrir finalmente la herida con un injerto cutáneo autólogo o
un autoinjerto. Cuando es clínicamente evidente que la quemadura es una lesión de grosor completo o una
quemadura de tercer grado, la práctica habitual en estos momentos consiste en proceder a la intervención
con la mayor rapidez posible. El tema de este capítulo es el tratamiento de la quemadura en el intervalo
entre su producción y su cierre, ya sea mediante la generación espontánea de epidermis nueva o mediante
la escisión quirúrgica. Cicatrización de una herida cutánea Biología de la piel La piel es el órgano de mayor
tamaño del cuerpo. Tiene un papel principal en la homeostasis al mantener la temperatura corporal y el
balance hídrico y proteger al medio interno de diferentes peligros del entorno. Cuenta con un epitelio
especializado que está formado por la epidermis, los folículos pilosos, las glándulas sebáceas y las
glándulas sudoríparas, además del estroma. Para mantener su función biológica, se renueva a sí mismo
constantemente y esa propiedad de renovación se aprovecha después de sufrir una quemadura u otra
lesión. La capa exterior de la piel es el epitelio escamoso estratificado, compuesto por queratinocitos que
surgen de una capa de células basales. Las células de la capa basal de la epidermis dan lugar a células
que amplifican la transición, que actúan como células progenitoras de los queratinocitos. Estas células
proliferan y van siendo cada vez más diferenciadas cuando migran hacia el exterior, hacia la superficie de
la piel, elaborando proteí- nas y lípidos1,2. A medida que se acercan a la superficie sufren una muerte
celular programada3 y los esqueletos aplanados de las células enucleadas (escamas o corneocitos) se
incrustan en un mortero de lípidos y proteínas para formar la capa externa cornificada. Todo el proceso es
relativamente rápido; se estima que la epidermis humana, que mide hasta 1,5-2 m2 o más en los adultos,
se cambia cada 2 semanas. Los folículos pilosos se distribuyen por toda la epidermis y las porciones
superior o externa de los folículos también se cubren con epidermis. Las glándulas sebáceas se localizan
en la zona profunda de la epidermis y se vacían en el folículo superior, y de allí su contenido sale a la
epidermis (v. figura 9.1). Los sebocitos surgen de una capa basaloide de células que son continuas con el
epitelio folicular. A medida que se van diferenciando y se desplazan hacia el exterior acumulan lípidos en su
interior y finalmente se desprenden y salen por extrusión en la epidermis a modo de sebo (secreción
holocrina)4,5. La porción inferior del folículo piloso consiste en una vaina externa de la raíz, una vaina
interna de la raíz y el cuerpo del pelo. La parte inferior del folículo piloso sigue ciclos de crecimiento y
quiescencia. Las células de la vaina exterior de la raíz son continuas con la capa de células basales de la
epidermis. Por tanto, las células de la capa basal de cada compartimento epitelial sirven como células
germinales restringidas para su linaje que dan lugar a otras células que después proliferarán y sufrirán la
diferenciación terminal para terminar formando epidermis, sebo o pelo.