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Tratamiento de la herida
Situados en ese contexto, los objetivos del tratamiento de una quemadura son garantizar el entorno óptimo para la
renovación de la epidermis, si pudiera ocurrir, evitar cualquier lesión añadida a la piel o a los tejidos más profundos y evitar
complicaciones secundarias, como una infección. Para conseguir estos objetivos, se necesita un abordaje de dos frentes
que implique tanto el tratamiento de la propia herida como el tratamiento del paciente que ha sufrido la herida. Tratamiento
del paciente con una herida La necesidad de oxígeno, aminoácidos y sustrato energético de una herida requiere una
perfusión efectiva de la misma. El entorno de una herida es relativamente hipóxico, lo que actúa como estímulo inflamatorio
precoz. Sin embargo, la actividad celular que se desarrolla en la herida requiere un mayor consumo de oxígeno y nutrientes.
El aporte de esas sustancias hacia el lugar de la reparación requiere tanto una buena perfusión de la herida y tejidos
circundantes como la difusión desde el suero hacia la herida a través del líquido intersticial. La fuerza motriz de la difusión
depende del gradiente entre la concentración de una sustancia en el suero y en la herida. Si el gradiente no es
suficientemente grande, puede limitar la utilización de una sustancia dada por las células de la herida, incluso si la perfusión
es buena. Este aspecto es especialmente importante para el oxí- geno, que es poco soluble en una solución acuosa, por lo
que el pequeño gradiente que hay entre la PO2 en suero y la PO2 en el líquido intersticial puede limitar la transferencia. En
los pacientes con heridas de una cirugía programada, el nivel de PO2 intersticial se correlaciona con el riesgo de infección y
retraso de la cicatrización de la herida28, y en otra serie se determinó que el suplemento de oxígeno en el perioperatorio
incrementó la PO2 intersticial, lo que redujo a su vez la incidencia de infección de la herida a la mitad29. Por tanto, una PO2
arterial normal o algo elevada parece ser beneficiosa para la cicatrización de la herida. La aplicación de una reanimación
eficaz y de la fluidoterapia apropiada y la adopción de medidas que eviten la vasoconstricción, como mantener un entorno
caliente, controlar el dolor y la ansiedad y evitar los factores presores, ayudarán a mantener la perfusión. El mantenimiento
de una PO2 arterial cerca de lo normal o ligeramente elevada debería dar lugar a un gradiente de oxígeno suficiente para
cubrir las necesidades de oxígeno de la herida. Además, el aporte de nutrientes suficientes para cubrir el aumento de las
necesidades de energía y proteínas del paciente y de su herida favorecerá la reparación de la herida y reducirá la corriente
de las reservas metabólicas del paciente. Valoración de la herida Algunas quemaduras se pueden clasificar como lesiones
de grosor parcial o completo, basándose la certidumbre de su evaluación inicial en su aspecto y en el mecanismo de la
lesión, teniendo en cuenta el origen del calor y la duración de la exposición cutánea. Hay muchas quemaduras, sin embargo,
en las que sí existe certidumbre desde un principio. Se producirán cambios en el aspecto en la primera semana, por lo que la
valoración clínica inicial puede ser inexacta hasta en el 30% de las ocasiones. Algunas heridas pueden llegar a parecer
mucho más profundas de lo que parecían originalmente.